Saltar al contenido

La Batalla de Stalingrado

El 22 de junio de 1941, las unidades del ejército Alemán, sin previa declaración de guerra, atravesaron las fronteras y penetraron en la Unión Soviética a las 3.15 horas. Los Soviéticos, que se encontraban mal preparados militarmente reaccionaron de manera lenta, y aunque había recibido advertencias sobre un ataque de Hitler, Stalin no creía en una guerra inmediata, ya que en 1939 habían firmado un pacto de no agresión con la Alemania Socialista.

Con mucha rapidez y éxito, los tanque Alemanes avanzaron al interior del país, y a mediados de julio los tres cuerpos del ejército Nazi que habían penetrado en territorio soviético ya habían tomados miles de prisioneros y destruido y saqueado enormes cantidades de material bélico.

La guerra contra la Unión Soviética, suponía para Hitler un enfrentamiento militar crucial, ya que al no tener muchas expectativas de conquistar gran Bretaña, el dictador nazi buscó el golpe decisivo en el este para arrebatar a los británicos su espada en tierra firme y obligarlos a rendirse. Además esta conquista significó para el líder del Tercer Reich una guerra entre dos ideologías, y la posibilidad de ampliar el espacio del este para la raza superior aria.

A fines de 1941 el avance se detuvo en Moscú debido al lodo, hielo y poderosas defensas de la capital soviética. Pero hasta otoño de 1942 la maquinaria bélica alemana aún logró alcanzar Crimea, el Cáucaso y el Don. El objetivo principal de Hitler, que acabó convirtiéndose en una obsesión, era la conquista de la ciudad de Stalingrado, a orillas del Volga. Además de una importancia estratégica de la ciudad, su conquista hubiera tenido una gran repercusión psicológica sobre los futuros planes bélicos de Hitler. Cuando el 5 de septiembre el VI ejército llego a los suburbios de Stalingrado, se inició un encarnizado combate. Pero la ciudad resistió y el ejército rojo, cercó a partir del 22 de noviembre a las unidades alemanas y las dejó morir, literalmente, de hambre.

El 25 de enero el cerco había escindido en dos al ejército alemán y la situación era desesperante, 6 días más tardes, Von Paulus (comandante general del ejército alemán) se rindió, contrariando las órdenes de Hitler, la sección del norte hizo lo mismo el 2 de febrero.

Los nazis con esto sufrieron una derrota decisiva, y Stallingrado se convirtió en el punto de inflexión de la segunda guerra mundial.