Qué es la investigación con células madres

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En varias oportunidades hemos hablado sobre cuestiones propias y básicas de las células como unidades fundamentales de la vida: procesos de mitosis y meiosis, diferencias entre las células eucariotas y procariotas, y hasta incluso, hemos hecho hincapié en la gametogénesis como proceso de evolución. Pero hubo un tiempo, más precisamente hace diez o quince años, en donde hablar de células madres se había vuelto casi cotidiano; en todo proceso se las mencionaba como algo de sumo interés popular. Pero, ¿qué son exactamente? ¿Qué es la investigación con células madres? Veamos.

Qué son las células madres

Cuando hablamos de células madres estamos haciendo referencia a aquellas células que poseen dos propiedades fundamentales: son capaces de auto-renovarse por su propios medios, y además, tienen la particularidad de originar células hijas, que con el paso del tiempo se convierten en células especializadas. El estudio de este tipo de células mantuvo a los científicos en la búsqueda de cultivos de las mismas que, bajo determinados estímulos, pudieran desarrollarse como células bien diferenciadas.

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Tras la fertilización del óvulo, se crea el cigoto, tratándose de una célula que por sus propios medios es capaz de originar todo el organismo. Una vez conformado el cigoto, comienza a dividirse de manera tal que quedan compactas varias células totipotentes. La especialización comienza a darse días más tarde, cuando se origina la blástula, compuesta por el blastodermo -sitio donde surgirá la placenta más tarde- y el blastocele -cavidad rellena de fluido donde se ubicará luego la masa celular interna-.

En la década de los ochenta, los científicos lograron generar células madre con células embrionarias de ratones. Veinte años más tarde -1998-, finalmente se pudo lograr lo semejante, obteniendo células madre embrionarias humanas. James Thompson y su equipo publicaron, en ese año, que habían sido capaces de obtener células madre a partir de blastocitos sobrantes de programas de fecundación in vitro. Días más tarde, John Gearhart publicó en los PNAS que había sido capaz, junto a sus colaboradores, de obtener células madre germinales a partir de fetos abortados.

Este descubrimiento, como era de esperarse, fue tan celebrado como condenado. Pero al año siguiente, Angelo Vescovi pudo anunciar que había logrado conseguir diferentes tipos de células sanguíneas a través de células madre neuronales de ratas adultas.

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Entender estos procesos implica entender también que las células embrionarias no son las únicas células madre que existen. Todo parece indicar que las primeras células de esta índole que se dieron a conocer fueron a partir de los trabajos realizados por Theodor Boveri y Haeckel, cuyos orígenes datan del año 1868. Otros estudios dicen que fue cosa de Sabin o de Pappenheim.

La cuestión estaba en si se podían usar ese tipo de células para producir cualquier otra célula especializada. Y fue esto lo que descubrió el equipo de Vescovi: con ellas se podía hacer cualquier cosa. Y a partir de ello, los problemas éticos pasaron a segundo plano.

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Lo que se esperaba como acción terapéutica de estas células madre era que se pudieran realizar terapias celulares y trasplantes de tejidos sin problemas, dando origen esto a una nueva especialidad dentro de la medicina: la medicina regenerativa. Allí se produciría la combinación de la ingeniería de tejidos y la biología molecular para desarrollar luego procesos de reemplazo o modificación de células, tejidos y órganos, buscando lograr una recuperación completa de las funciones normales del cuerpo humano.






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